Sábado,
29-03-2008: Betis-Barça.
En un
caldo de cultivo donde parece que los cracks se inventan lesiones,
Johann Cruyff dice literalmente que "querer es poder" y
Bernd Schuster no sabe qué cara poner cada vez que pierde la
oportunidad de noquear al Barça. La distancia entre los eternos
rivales parece echa de chicle y se estira y encoge caprichosamente,
según van alternando un ridículo tras otro.
En
éstas, el Barça llega a Sevilla para enfrentarse a un Betis que no
parece demasiado rival y se planta en el minuto 55 con dos goles a favor
que parecen definitivos. En este punto me desconecto del partido,
sonriendo y pensando que el domingo va a amanecer con una distancia
mínima con el líder, una atmósfera más de presión en una caldera
que Schuster no sabe cocinar.
Pero
no va a ser así.
Una
vez concluídas mis obligaciones domésticas, decido conectar de nuevo
el transistor (RAC1) para saborear
los minutos finales. El Betis ha marcado un gol y el locutor anuncia
varios ataques locales, aunque yo los atribuyo más al pesimismo del
culé medio que a una realidad inquietante. Se suceden varias caídas al
área que culminan con un penalty que Valdés detiene. Eso debería
estimular al equipo barcelonista para sentenciar con el 1-3 y quitarse
de encima la presión, dice uno de sus colaboradores. Tres minutos más
tarde el resultado es de 3-2 y mi intuición de perro viejo me aconseja
que me desconecte definitivamente de un partido ya sentenciado.
Un
equipo puede perder incluso partidos importantes, pero un ridículo como
ése no merece ningún calificativo favorable. Hasta Carles Rexach dice
que se puede perder, pero no así. Se puede sentir rabia, dolor,
impotencia, pero cuando se llega a sentir vergüenza ajena por una
derrota que era una clara victoria, lo único que queda por hacer es
resignarse a un final de temporada descorazonador. Ha habido muchas
ocasiones y parece que les queme la responsabilidad. ¿Cambio de ciclo?
A todos nos da pánico reconocerlo y aún queda la Champions y eso es
otra historia, pero mucho me temo que la dosis de optimismo necesario
para no entrar en depresión es muy alta.
En
una página que hace apología del número 3, ahí va mi receta:
1- Ronaldinho
debe irse ya, pero no gratis. Sigue siendo un jugador joven con gran
capacidad y eso debe tener un precio. Regalarlo sería otro motivo para
sentir vergüernza, y ya llevamos demasiados.
2- Frank
Rijkaard tendría que dejar paso a otro técnico con nuevas
ideas, incluso Jose Mourinho me parece bien. O Michael Laudrup.
Cualquiera que no comparezca en rueda de prensa con ojos vidriosos.
3- Laporta
debería comprometerse a hacer cumplir el reglamento de disciplina
interna, si es que realmente existe. No es cuestión de mano dura, pero
sí de coherencia. Si no es capaz de mantener el orgullo culé
mínimamente alto, es que no merece ese cargo.
De
momento, sigo triste, muy triste, tres veces triste...
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Sábado,
20-01-2007.
El
Barça ha fracasado en Japón y ha perdido la final del Mundial de
Clubes, pero sigue vivo en la Copa y en la Champions y es un claro
aspirante a la Liga, aunque el Sevilla es el líder de momento y tiene una plantilla muy bien
compensada, si bien en los momentos difíciles se echa en falta el
espíritu del campeón (supercopas al margen).
Mientras,
en el Madrid se fijan más en las declaraciones y en el espectáculo
mediático que en el juego.
Y es
entonces cuando voy yo y decido que es el mejor momento para dejar de lado las
crónicas del Barça y dedicarme a otras laboras menos obligantes. Mis
quehaceres familiares me han ido quitando momentos de ocio y creo que es
mejor priorizar otras cosas y abandonar de momento este "canto
en el vacío mediático", casi nunca replicado por una "audiencia"
que quizá nunca tuve. Escribiendo estas crónicas, a veces me he
sentido como un niño enfadado que se deahoga a golpes contra una pared,
sin saber si mi desahogo le importa siquiera a alguien. Pero eso ya
forma parte de la esfera más íntima de mi personalidad, no de este
aspirante a cronista deportivo, de modo que lo dejo al margen.
No es una despedida, pero creo que ya son muchos
meses (ya
años) de croniqueo alternativo y a veces compulsivo, que empezó con un
"Fanjal" más que criticable y un equipo desbordado por
el entorno. Alguna crítica puntual volverá a tentarme acariciándome
la crin barcelonista, pero de momento esta gozosa obligación semanal va
a ser aparcada en un baúl lleno de gratos recuerdos.
Visca
el Barça, companys!!! I visca els barcelonistes!!!
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