
Fragmentos
de mí mismo
(Textos
originales)
Trabajar
Entre
Molinos
La
sombra de Edipo
A
prop del mar
Entre
humo y polvo
Trabajar
(Ensayo
con infinitivos - 2004)
Un buen día me
pregunté a mí mismo cómo podría describir un verbo empleando sólo
otros verbos. Me gustó la idea y añadí: ¿y si fueran todos
distintos? Este fue el resultado:
-
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
Amanecer,
sonar, despertar, madrugar, bostezar, desperezarse.
Ser.
Levantarse,
dudar, encender, calzarse, andar, orinar, ducharse. Peinarse, vestirse,
desayunarse, abrigarse, comprobar, abrir, salir, cerrar.
Saludar,
caminar, bajar, llover, inspirar, correr, alcanzar, saltar, llegar,
sudar, pagar, sonreír, guardar.
Esperar.
Descender,
seguir, ceder, admirar, entrar, desabrigarse, suspirar, sentarse.
Empezar.
Mirar,
arrancar, oír, interrumpir, descolgar, contestar, rayar, asentir,
replicar, discutir, colgar, escribir, clickear, hojear, descargar, reír,
copiar, pegar, grabar. Releer, eliminar, ver, recuperar, consultar,
organizar, convocar, explicar. Responder.
Pensar.
Calcular.
Decidir,
llamar, dictar, quedar, recibir, firmar, anotar, subrayar, conseguir,
asumir, sospechar.
Inquietarse.
Sumar,
restar, dividir, multiplicar. Repasar, sopesar, corregir.
Abandonar.
Buscar,
coincidir, pedir, abonar, comer, masticar, remover, beber, reposar,
fumar.
Meditar.
Recordar.
Volver,
rectificar, reorganizar, puntualizar, matizar, adaptar, reenviar.
Relajarse.
Respirar. Sentir.
Atardecer,
recoger, despedirse, regresar, preparar.
Cenar,
contemplar, leer, apagar.
Descansar.
Dormir.
Soñar...
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Entre
molinos
(Concurso
Valores para un sueño 2004, Zurich España; 1/9)
Empezaba
ya a clarear el día con los más tempraneros rayos de un recién
estrenado sol de septiembre. La poca prestancia del viejo y único gallo
del corral para cumplir con su largamente asumida obligación de
anunciar el cotidiano amanecer no impidió, sin embargo, que Don
Quintano interrumpiese su sonoro y casi permanente ronquido nocturno
para sustituirlo por los más tremendos y singulares bostezos que de
boca humana sin duda hubieran jamás salido. Era la señal con la que el
anciano caballero daba inicio, metódica y diariamente, a su ya de por sí
rutinaria existencia.
Su
rostro, ceniciento y enjuto por fuerza debido a la excesiva austeridad
de una paupérrima dieta, se conservaba invariablemente acartonado por
el azote del rigurosísimo clima manchego, de crudo invierno e infernal
y tórrido estío, si bien resplandecía de un modo harto misterioso
durante ese efímero instante que le es dado al albor del nuevo día,
casi como si rejuveneciese de golpe por tres o cuatro décadas, las más
y peor vividas y que no fueron sino las últimas. Poco duraba tanto
regocijo y fortalecimiento, empero: en cuanto su consciencia era
completa, si es que tal pudo afirmarse dél alguna vez, un rictus de
severidad mal adquirida invadía su tez y le acompañaba, inseparable,
durante toda la jornada, borrando de un plumazo todo rasgo de jovialidad
y devolviendo al mundo la completa sequedad de su maltrecho y huesudo
semblante. Este día de hoy que entonces principiaba no iba a ser, en
modo alguno, una excepción.
—¡Casildaaa!
¡Casildaaa! Diablo de mujer, ¿dónde se habrá metido... ? —gritaba
afanosamente Don Quintano, ya casi completamente despierto.
—¡Ya
vaaa, ya vaaa... ! —replicaba enseguida ella, que acudía a medio
correr hacia la estancia de su tío—. ¡Que tiene usted menos pacencia
que un borrico con castañuelas!
—Tráeme
ya mis atavíos y deja de refunfuñar, pardiez. Nunca los hallo donde
los dejé, no sé por qué extraños encantamientos que me los
arrebatan, aprovechando sin duda el amparo de la terrible y negra
noche.
—De
encantamientos no sé nada, Don Quintano, pero que algún día me voy a
cansar de recogerle los harapos del suelo, eso sí que me lo sé, que no
ha nacío una para estos menesteres, por la gloria de mi santa madre que
en paz descanse.
—¡Calla,
descarada! Si tu madre levantara la cabeza y viera el mal trato que me
das... ¡Ay, los tiempos en que la pobre Eugenia servía mis desvelos
con todos sus cinco sentidos puestos en mi exigua figura... !
—Mi
madre, que en paz descanse, fue pobre, en efesto, pero mu honrá, señor
Quintano, bien lo sabe usté... Mire que me sale el deje andalú y tó
con na má de penzarlo ni ciquiera...
—¡Ay,
mi pobre Casilda! No llores así, mujer, que nada hubo más alejado de
mi intención que perturbar tu ánimo desta tan desacertada manera. Bien
verdaderas son todas las razones que a tu madre atribuyes, lo sé yo
tanto como los mismísimos santos del cielo en donde ahora mora.
Casilda,
que se enjugaba a toda priesa los enormes lagrimones que humedecían y
afeaban sus sonrosadas mejillas, viró de la pena al contento al oír
tales aseveraciones en boca de su admirado, aunque ciertamente severo, tío
y benefactor.
—¿Usté
cree que mi madre está en el cielo, Don Quintano? ¿De verdad lo cree
usté asín?
—Pues
claro que sí, mujer. ¿Dónde había de recabar sino un alma tan
singular y bondadosa como la suya?
Viendo
el efecto reparador que sus palabras ejercían en el cambiante ánimo de
su sobrina, Don Quintano decidió liberarla de parte de sus obligaciones
y continuó su plática como a continuación se indica.
—Venga
pues, levántate del duro suelo y ve a prepararme el desayuno mientras
me enfundo yo mismo mis raídos atuendos. Y sécate esas lágrimas,
chiquilla, que no te quiero ver así por mi morada, tan mohína y
desangelada como ahora te veo (...)
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La
sombra de Edipo
(Premio Dinamismo en la edición 2002 del
concurso Valores para un sueño, organizado por Zurich España)
(...)
El hombre de la gabardina negra consulta su reloj de oro y sonríe, con
la satisfacción que da el haber acertado en el cálculo exacto del
tiempo. La muchacha ya está apagando las luces de la barra y va en
busca de su abrigo al cuarto trastero, como cada noche. El ritmo de
caladas del cigarrillo se acelera y el humo, a su vez, parece ascender
también más rápido.
Las
luces de neón ya se han apagado, privando a la calle de la poca
claridad que aún le quedaba. Con los dedos corazón y pulgar de su mano
izquierda, la colilla es lanzada lejos y muere en un violento
encontronazo con el suelo. Un último destello de protesta la ve
desaparecer dentro de un pequeño charco de agua de lluvia. El hombre se
dispone, muy lentamente, a cruzar la calle.
Camina
decidido pero sin prisa, como si quisiera saborear, paladear, cada
segundo del trayecto, directo hacia el bar. Su pulso se acelera un poco,
a la par que su paso, a medida que se va acercando a la otra acera. La
muchacha ya ha abierto la puerta y empieza a salir, con un bonito bolso
de charol rojo en una mano y un gran manojo de llaves tintineando,
nerviosamente, en la otra. Un pequeño sombrero, también rojo, apenas
oculta sus rojizos y alborotados rizos, que le cubren parcialmente la
cara pero que fracasan en su intento de disimular la gran belleza de la
joven. Él lleva ambas manos ocultas en los bolsillos y ya no siente ni
la lluvia ni el frío, sólo un súbito e irrefrenable deseo que le
impulsa a apurar, un poco más, el paso.
Quedan
apenas seis o siete metros para que las dos sombras se fundan en una,
momento sublime que compensará la larga espera. La impaciencia, hasta
entonces agazapada en algún rincón de su alma, domina por un segundo
su temple. Está muy cerca, por fin, de consumar el íntimo contacto del
afilado acero con la carne, del metal con la sangre caliente de una
muchacha joven y bonita. Está a punto de cortar el fino hilo que la une
a la vida, con un golpe certero y letal, seco, definitivo. En ese
preciso instante, inmediatamente anterior al éxtasis final, cuando la
mano derecha ya está saliendo de su escondite de tela negra
(...)
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A
prop del mar
(Concurso de cuentos organizado por la revista
gratuita Viari en 2003. Está escrito en catalán)
Avui
he tornat a somiar amb el desencant de la teva marxa. No m’acostumo a
la teva absència, pensava que podria fer-ho però la realitat em
bufeteja la galta sense miraments, adonant-me de sobte que t’he
estimat sempre i mai no he gosat ni dir-t’ho. Ara que no hi ets
necessito escriure’t per fer-te tornar, tot i que sé que no llegiràs
mai les meves disculpes malaltisses, orfes del teu esperit encisador que
m’acaronava sense saber-ho, des de la inconsciència, redefinint el més
pur amor platònic en un segle vint-i-un que no entén ni sap entendre
de romanços ni de romàntics.
Si
et tingués encara a prop et diria mil cops que t’estimo, et juraria
el meu amor etern cobrint de petons la teva nuesa d’ànima, tenyiria
de verd els teus ulls perquè veiessis en mi alguna esperança de futur,
aniria a buscar-te la lluna perquè l’eclipsessis amb la claror de la
teva mirada.
Si
estiguessis a prop meu, estimada, jo no estaria, a hores d’ara,
pregant que la meva ploma trobés la manera de fer-te tornar.
Un
cop em vas dir que, si en un futur d’incertesa ens separàvem, et
busqués a prop del mar, al punt de trencada de les onades, allà on el
silenci deixa d’existir, on el temps s’atura, on la sal i l’aire
es barregen i on l’única música que es pot pretendre sentir és la
que composa la immensitat de l’oceà en el seu intent desesperat de
trencar les roques que deturen el seu pas obstinat (...).
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Entre
humo y polvo
(Concurso de cuentos Premios del Tren,
organizado por la Fundación de los Ferrocarriles Españoles en 2003)
El
tren se ha detenido en la pequeña estación de Saint James, entre una
nube de polvo y humo negro. Alrededor del minúsculo y solitario
apeadero no hay ninguna vivienda habitada, sólo una pequeña cabaña de
madera, de apenas nueve o diez metros cuadrados, donde debería estar,
al pie del cañón, el funcionario encargado del mismo. Pero se jubiló
hace dos semanas y en la Confederación de Transportes aún no han
encontrado un sustituto que quiera trabajar tan alejado de cualquier
otra parte, en un punto perdido, casi desértico, del suroeste de
Texas.
Thomas
Franklin desciende solo del último vagón, con una maleta de cuero marrón
en una mano y una chaqueta, también de cuero y totalmente innecesaria,
en la otra. Sus botas se alegran de poder volver a sentir el tacto áspero
de la tierra, el piso firme, aunque seco y polvoriento, pero tan
distinto del eterno y monótono traqueteo de las tablas de madera,
viejas y desajustadas, que ha estado pisando y oyendo rechinar durante
casi catorce horas. Mira a su alrededor para descubrir que no hay apenas
signos de vida vegetal ni animal, sólo un puñado de arbustos resecados
por el sol que, a lo sumo, podrán dar cobijo a algún que otro escorpión
o alguna víbora, los únicos seres capaces de sobrevivir en una tierra
demasiado estéril para poder ser cultivada.
Tía
May debería haber estado esperándole, pero no importa. Después de un
viaje tan largo y pesado, le vendrá bien un rato de tranquilidad,
acompañado sólo por el silbido del tren que se despide y aleja de él,
formando una columna de humo negro y blanco que seguirá con la mirada
hasta que desaparezca por el horizonte. Le acompañará también el
calor sofocante del sol, un sol que parece querer advertirle que, a
partir de ahora, estará sobre él en todo momento (...).
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Opiniones
(Textos
originales con una chispa de criticismo)
Sinceridad
Relativa
Panellets
o Calabazas
Metrosexual
A
favor o en contra
Minipisos
El
botellón
El
Barça: ¿Azar o destino?
Mundial
2006
Sinceridad
relativa
(Autoanálisis
existencial, 2005).
¿Por
qué cuando alguien nos "confiesa" algo malo decimos
"qué sincero eres" y en cambio cuando es algo bueno
pensamos "eres un fantasma" o algo aún peor?
Basta
con que alguien nos diga cosas del tipo: "me cuesta un montón
llegar a fin de mes", "siempre he suspendido las
matemáticas" o "soy un desastre en la cama"
para que pensemos que el (o la) pobre se está "sincerando"
con nosotros, como si la revelación de los defectos o penas propios
fuese el acto más sublime posible de sinceridad, y como tal una muestra
completa de acercamiento humano. ¡¡¡Ay, qué bonito...!!!
En
cambio, es suficiente con que nos digan cosas del tipo "mi
sueldo me permite tener cualquier coche que me guste", "siempre
he sacado excelente en matemáticas" o "anoche me
acosté con mi vecina (o vecino)", por ejemplo, para que
dejemos de ser honorablemente sinceros y pasemos a ser unos bellacos
engreídos, unos fantasmas repelentes más dignos de odio o
envidia que de amistad o admiración. Aunque fuera todo verdad, por
supuesto. ¿Y eso por qué?
Parece
que la sinceridad no se mide por la veracidad de la información
transmitida, sino por el nivel de "sometimiento" o
"confesión" que ésta supone. Es
como si pensáramos que "eso tan malo no lo diría si no fuese
cierto" y en cambio "eso tan bueno seguro que es
mentira y sólo quiere aparentar". ¿Por qué sucede así?
¿Hay algún sicólogo por ahí que pueda responderme? ¿Qué pasaría
si alguien se dedicase a confesar falsas penurias a diestro y siniestro?
¿Sería la persona más popular de este país en pocos meses?
¿Llegaría a presidente? ¿Y a participar en Gran Hermano? ¿Sería
famoso, popular, rico, más guapo...?
Por
todo ello, he llegado a la conclusión de que cuando algo te va bien, es
mejor callar la boca a menos que alguien te tire de la lengua o merezca
"que le den su merecido", es decir, una respuesta
cortante a una chulería que seguramente es falsa (por el razonamiento
anterior) y que como tal merece ser refutada con un éxito propio.
Pensaremos "¿qué se habrá creído este?" y nos
sentiremos unos auténticos justicieros por ponerlo en su sitio y dejar
las cosas claras. Nada populariza más que dejar en mal lugar a alguien
que presume de lo bien que le va todo.
En
otras palabras: si uno quiere ser socialmente aceptado, lo mejor es
rallar la neutralidad más absoluta y gris: "la hipoteca me
agobia un montón" (aunque paguemos mucho menos que el vecino y
sin apenas esfuerzo), "yo en la cama ni fú ni fa, normalito"
(aunque seamos unos sementales insaciables), "en el colegio iba
tirando, como todos" (aunque hayamos sacado varias matrículas
de honor) o "lo importante de un coche es que te lleve a los
sitios" (aunque luego tengamos un deportivo en el parking, o
incluso dos). Hacer lo contrario os generará celos y antipatías a
granel, a menos que viváis en un entorno donde la tónica general sea,
precisamente, intercambiar este tipo de presunciones para, simplemente,
aparentar.
Por
cierto, si es así, dejadme daros un consejo para vivir mejor: cambiad de entorno cuanto antes.
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Panellets
o Calabazas
(Tradición
o rendición, crisis 2005).
Querida
Fiesta de Halloween:
Que te den tanta promoción no me gusta nada.
Nosotros ya tenemos nuestras propias tradiciones para celebrar la
llegada del otoño (o para celebrar que se ha recogido el rebaño tras
el pastoreo estival) y para venerar a nuestros difuntos. Los boniatos y
las castañas nos gustan más que las calabazas, y una copita de moscatel
calienta más que una hoguera rodeada de brujas mal pintarrajeadas.
No
queremos celebrar el "Allhallows’ Eve" (es decir, el
día antes de Todos los Santos) como lo hacían los druidas, que
pensaban que los demonios y seres malignos perseguían a las personas y
las atemorizaban. Ya sé que la única forma de librarse de ellos era
darles comida o dulces a los monstruos durante la noche, y que de ahí
viene la famosa frase que dicen los niños americanos cuando piden
dulces disfrazados de brujas o seres maléficos: "Trick or Treat",
que viene a ser "danos algo o te haremos una trastada".
Sí, todo eso ya lo sé y reconozco que la tradición puede tener su
gracia, pero a mí me parece una invasión cultural del mismo nivel que
Santa Claus está ejerciendo con los Reyes Magos desde hace varios
años.
Realmente,
¿tan poca
personalidad tenemos? Ellos necesitan treinta años de insistencia
comercial para empezar a comer jamón español y nosotros en dos o tres
otoños y después de ver un par de películas sobre el tema, ya estamos
saltando enloquecidos, disfrazados de brujas o con la cara pintada,
alrededor de una calabaza tan hueca como nuestras propias cabezas. A veces
pienso que habría que re-editar en DVD la profética película "Bienvenido,
Mr. Marshall" para abrir los ojos a las nuevas
generaciones.
No, no pido a
nadie que vaya al cementerio a llevarle flores a unos antepasados que
quizá ni conocieron, pero al menos que no se aborreguen en una fiesta de
Halloween como un hijo de Bush cualquiera. Es mejor contar historias de
miedo alrededor de la chimenea, asar castañas partidas, comer panellets de
piñones, o de coco, y buñuelos de viento, huesos de santo o cualquier otro dulce
típico de nuestra tierra. ¿No es ésa nuestra tradición? ¿Para qué
necesitamos adoptar otras?
Déjame
acabar con estas palabras de Raquel del Coso, antropóloga:
"Halloween
es una festividad que está haciendo furor, desde hace años, no en
nuestro pueblo, que aún la ignora, sino en nuestras discotecas.
Entre
la búsqueda de negocio y el pretexto para disfrazarse, Halloween
abandona toda relación con lo sagrado para convertirse en una mascarada
con toda la parafernalia del terror".
Ay, ay,
ay... ¡¡Fiesta de Halloween, por favor, aléjate de nosotros!!
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Metrosexual
(Propuesta
de definición 2005).
Un amigo
me preguntó una vez (porque el pobre chaval pensaba que yo lo debía
saber, mira qué cosa) que qué narices significaba la palabrita metrosexual.
Algo me sonaba ya por entonces y para no decepcionarlo y tras intentar
recurrir a la etimología (me pareció una perversión demasiado
evidente lo de hacer sexo en el metro), pensé que debía salir
del apuro con elegancia y le dije algo así como "es un tipo
urbano al que le va la carne y el pescado", es decir, dije yo,
"una especie de bisexual metropolitano pero más moderno".
Es obvio que la cagué.
Luego le demostré que estoy bien acostumbrado y recurrí al sabio diccionario,
pero ni siquiera en la Real Academia me
ayudaron. No existe la palabra, majete, parecían gritarme los banners
de la dichosa web ante mi pasmado rostro. Entonces pensé en aquello de
Mahoma y la montaña y me dije: ¡Qué co..., la propondré yo!
Tras estar
durante cierto tiempo analizando en qué situaciones se usa la palabrita
(lo lamento pero para esta tarea lo mejor es una buena dosis de
Tele-basura), y teniendo claro que el neo-adjetivo se aplica siempre a
hombres de treinta y tantos en adelante, he llegado a esta definición,
y que me perdonen los más puristas si no estoy acertado (algo mucho
más que probable, por cierto):
Metrosexual
(adj.) - Es un hombre que cuida su peso como un bebé, se
perfuma como una niña, hace ejercicio como un niño, va a la moda como
una adolescente, sale de noche como un adolescente, se depila el cuerpo
como una mujer, presume de sus éxitos como un hombre, usa cremas para
el cutis como una anciana y controla el colesterol como un anciano.
En
resumen, que ser metrosexual mola casi tanto como salir del armario y
está aún mejor visto y todo. ¿Será porque simboliza la integración
social total? Eso será...
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>
A
favor o en contra
(Crónica
de la Diada de Catalunya de 2003, aplicable también a la de 2004).
La gente prefiere
manifestarse "Anti - En contra - No" que "Pro - A favor -
Si". Estamos viviendo una generación sin ideales, que no sabe de qué lado decantarse, que se cree más libre que ninguna pero que se deja arrastrar como nunca hacia un modelo social que siempre será peor que el precedente porque no está basado
realmente en lo que quieren, sino en evitar lo que no quieren.
Manifestarse es lícito, democrático y hasta aconsejable, pero hacerlo para protestar contra unos ideales opuestos a los propios es, por lo menos, un signo claro de intolerancia. No seré yo quien levante el puño, ni la palma de la mano, ni cante el himno de España en un lugar público, pero desde luego si alguien quiere hacerlo, que lo haga.
Sin molestar a nadie, eso desde luego. Porque alzar la voz para evitarlo sería atentar contra su derecho a la libertad de expresión. Lo que hay que hacer es manifestarse a favor de la postura contraria, si se entiende por postura contraria apoyar el nacionalismo catalán, por ejemplo. ¿Dónde estaba toda esta gente el
once de septiembre, día de la Diada de Cataluña? Si estaba en su casa, desde luego se olvidaron de sacar la
"senyera" al balcón. Porque yo me paseé por Barcelona, cámara
digital en ristre, esperando encontrarme con multitud de demostraciones de catalanismo pacífico y multicolor y me volví a casa pensando que me tocada esperar al próximo día del libro, o
quizá a la próxima visita al Camp Nou, para poder ver alguna combinación de las cuatro
barras ondenando al viento. Apenas
me crucé con un par de niños vestidos con algún motivo catalanista y poco más. Mucha gente de puente,
eso sí, y los que se quedaron, con una proporción altísima de turistas,
ni siquiera sabían porqué habían cerrado todas las tiendas ese jueves.
Si estamos hartos de oir que hay que ser positivo y ver siempre el lado bueno de las cosas, ¿por qué en cambio hay tantísima gente en contra de todo? ¿Por qué las manifestaciones en contra son más multitudinarias que las que se hacen a favor de
algo, de lo que sea? ¿Por qué en contra de la guerra y no a favor de
la paz? No, lo siento. No es lo mismo.
Dentro de poco no votaremos al partido socialista (por poner un ejemplo) sino en contra del partido popular (por seguir con el ejemplo). Algunos de los últimos románticos bajaremos la mirada y seguiremos nuestros propios pasos hacia algún lugar
apartado, donde nadie nos grite al oído lo que no debemos hacer.
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Minipisos
(O
porqué la estrechez es un motivo de cabreo - Abril de 2005).
La
actual ministra de la Vivienda, Doña María Antonia Trujillo, hizo
recientemente unas declaraciones en la feria Construmat en las
que anunció la intención del Gobierno de modificar la ley que regula
las viviendas de protección oficial (VPO), para que puedan hacerse más
pequeñas y adaptables. Seguramente fue una idea nacida en sus neuronas
socialistas con toda la buena intención de un cargo casi recién
estrenado, pero finalmente se ha transformado sin varita mágica ni
chistera en un acalorado debate político y social que ha monopilizado
los titulares de prensa durante varios días consecutivos. ¿Y por qué?
Lo
que más molesta es que parece que se potencian (o se "protegen
oficialmente", que viene a serlo mismo) este tipo de viviendas
respecto de otras más "normales". El razonamiento es
sencillo: si el precio por metro cuadrado no baja, que bajen los metros
cuadrados. Sin embargo, no a todos les parece una buena solución. A
modo de ejemplo, el director general de Vivienda del Principado de
Asturias, Don Manuel González Orviz, rechazó la promoción de estos
minipisos de 30 metros cuadrados al considerar que "no se puede
resolver el tema de los costes con viviendas más pequeñas".
El Gobierno socialista catalán también se ha opuesto a la propuesta
con argumentos similares y aunque los constructores en general la
apoyan, enfrentándose a los propios agentes inmobiliarios, hay
división de opiniones entre las organizaciones de consumidores.
¿Realmente la cosa da para tanto?
Con
todos esos ingredientes en el puchero, la ministra sigue defendiendo la
bondad de los minipisos de alquiler con manifestaciones del calibre de
"la dignidad no se mide por metros cuadrados" y añade
que podemos estar tranquilos porque los posibles cambios en la normativa
de la VPO no se reflejarán en el próximo plan de vivienda, que por
cierto está ya casi listo para su aprobación. Es como decir "tranquilos,
que me voy a llevar el gato al agua... pero todavía no".
Seguramente porque no ha tenido tiempo.
Una
de las cosas que más molesta de la idea es que se generan espacios
comunes (lavadero, baño, terraza) como "solución habitacional
imaginativa", teóricamente para facilitar el acceso a la
vivienda y abaratar los precios. Es decir, si quieres (poder pagar) un
piso tendrás que compartir la ducha y la taza del váter con tus
adorables vecinos. Como es comprensible, muchos consideran la idea como
"retrógrada" y más propia de un barracón de
boy-scouts que de una comunidad de vecinos del siglo XXI. Además,
estadísticamente el perfil de la vivienda que se demanda en una ciudad
pasa por casas de, como mínimo, 40 metros cuadrados. Nadie parece
concebir que sea posible vivir (al menos cómodamente) en menos espacio
y ni siquiera los promotores de viviendas están por la labor de
incluír en sus catálogos pisos más pequeños. En Avilés, la agente
inmobiliaria Josefina de la Vega asegura que esta polémica le ha
recordado "aquel Avilés de mediados del siglo pasado, cuando la
llegada masiva de inmigrantes obligó a habilitar casas de cualquier
manera, en algunos casos con servicios comunes. Pero de aquello hace 50
años; volver a esa idea me parece retrógrado".
Desde
la distancia del que sigue el tema con más sorpresa que interés, a mí
me parece (al margen de consideraciones políticas y obviando si estas
viviendas deben ser protegidas o no) que se trata simplemente de una ampliación de las
posibilidades que tiene todo hijo de vecino a la hora de escoger piso,
aunque eso sí, haciendo cola en el rellano de la escalera para ir a
hacer pis. Si no gusta la idea, habrá que buscar un piso con tabiques y
con baño separado de la cocina, sobre todo si uno tiene la pituitaria
sensible o si le molesta el contacto humano con desconocidos. Pero en
cualquier caso, yo creo que cabrearse por la aparición de este tipo de
pisos en el mercado es mucho más "retrógado" que los
pisos en sí. ¿Estará naciendo una nueva forma de intolerancia? ¿O
quizá es sólo una novedosa manera de introducir una nueva especialización
en las carreras de arquitectos y aparejadores?
Que
cada cual busque su espacio vital donde le parezca mejor. Y si tenéis tiempo y acceso a
Internet, la secuela sigue:
"La
propuesta de los minipisos de alquiler de Trujillo levanta ampollas":
http://www.lavozdeasturias.com/noticias/noticia.asp?pkid=194676
"Los
«minipisos» nórdicos, un modelo sólo para estudiantes":
http://www.abc.es/abc/pg050417/prensa/noticias/Economia/Economia/200504/17/NAC-ECO-037.asp
"Los
«minipisos» facilitarán la independencia juvenil":
http://servicios.laverdad.es/albacete/pg050415/prensa/noticias/Albacete/200504/15/ALB-REG-330.html
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El
macro-botellón
(Abril de
2006).
Empieza
como una broma y las comunicaciones hacen que la convocatoria se
extienda como un reguero de pólvora. Los SMS y los e-mail multiplican
el boca a boca, e incluso las televisiones dan noticia con suficiente
antelación del lugar y de la hora previstos para el acontecimiento. La
excusa perfecta para emborracharse rodeado de policías, toda una
experiencia con una fuerte carga de morbo, en especial si eres un
joven (o no tan joven) con nula personalidad y que considera el acto de
beber (en exceso) como un fin en sí mismo. ¿Te apuntas? Eres muy libre
de hacerlo, pero...
El
macro-botellón no es un fenómeno nuevo, pero las comunicaciones casi
instantáneas de hoy en día hacen que se extienda muy rápidamente.
Otros se inventan orgías multitudinarias a las que se apuntan, incluso,
algunas chicas. U organizan desnudos públicos de miles de personas para
ser fotografiadas a cambio de nada y a los que acude por ejemplo tu
vecina, sí, sí, esa estrecha que luego se tapa el escote con disimulo
cuando te la cruzas en el ascensor. El ser humano es una especie muy
sorprendente, pero es que hay más y peores ejemplos de convocatorias
inverosímiles. ¿Seguimos?
A un tipo
alemán se le ocurrió un buen día pedir un voluntario para comerse su
pene entre los dos, con la excusa de algún tipo de ceremonia liberadora
y pensando quizá en alguien probablemente perturbado mentalmente o con
marcadas tendencias suicidas. Obviaré nombres para no hacer publicidad,
pero es un caso real que apareció en prensa hace unos meses. Es cierto
que se tiene que estar enfermo para pedir algo así, pero lo peor de
todo es que el tipo tuvo muchas respuestas... ¡¡¡Y serios problemas
para elegir entre todos al candidato ideal!!!
También
hay personas (permitidme la cursiva) que comercian con sus
propios órganos, con sus hijos, con su primera vez... Cualquier
convocatoria que uno pueda imaginar, si es bien extendida entre el mundo
cibernáutico, tendrá respuesta segura. Aunque suene raro o imposible,
siempre habrá alguien escuchando al otro lado.
Sé que al
lado de estos comportamientos más o menos reprochables, el
inocente macro-botellón es un juego de niños. Pero no es, en su
esencia, muy diferente a todos ellos: alguien es empujado a hacer algo
que en el fondo no quiere hacer. Por eso sancionarlo y comentarlo sólo
consigue un fin: que aún se extienda y promocione aún más. Como la
telebasura, empieza como algo puntual y esporádico y probablemente
acabará convirtiéndose en la norma. Es triste, pero me temo que acabe
siendo cierto.
Sólo una
reflexión para los jóvenes que consideran este tipo de acontecimientos
sociales como el acto sublime del ocio actual: Ahí afuera hay
muchas más cosas. El macro-botellón puede parecer inocente pero os
convierte en manada y os hace esclavos ideológicos de una muchedumbre
que demuestra así su enorme capacidad de aburrimiento junto con su nula
inventiva, sólo para esconder tras el etanol una profunda desesperanza.
Sal de la manada y busca tu propio camino antes que el coma etílico que
se come tus neuronas te lleve a un reformatorio, a un hospital o incluso
a prisión. ¿Te parecería divertido? La respuesta es sólo tuya, pero
la cuestión no es ser libre para poder hacerlo, sino el uso que quieras
hacer de tu propia libertad. Tú decides.
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El
Barça: ¿azar o destino?
(Mayo de
2006).
Mayo de
2006. El Fútbol Club Barcelona acaba de ganar la Liga de fútbol
2005-2006, pero no es necesario ser ingeniero del fútbol para ganar
ligas. Basta con dejar que el Azar, ese fantástico generador de
situaciones imprevistas, haga de las suyas. Ahora que hemos ganado la
segunda Liga consecutiva, es el momento de hacer un "análisis de
méritos" de los tres puntales visibles de la victoria, Presidente,
Entrenador y Estrella: Laporta, Rijkaard y Ronaldinho.
Joan
Laporta es el presidente azulgrana porque la gente estaba cansada
de tanto Joan Gaspart con olorcillo a Núñez, quería un cambio y poco
importaba quién. Ganó las elecciones el más joven y el que prometía
más cambios, no el mejor. Es decir, el azar quiso que llegase a la
presidencia un abogado de alrededor de 40 años con pinta de consultor
informático y que pudiese limpiar toda la porquería acumulada durante
muchos años. Era tan importante la necesidad de cambio que la gente
rechazó incluso un proyecto en el que participaba Pep Guardiola, un
ídolo que parecía favorito indiscutible y que tuvo que retirarse
haciendo mutis a su particular Santa Elena o, como se decía antes,
"con el rabo entre las piernas".
Frank
Rijkaard es el entrenador porque Ronald Koeman no pudo venir y
hubo que buscar con urgencia un entrenador temporal que tuviese más o
menos la misma filosofía de juego, a poder ser de origen holandés (el
influjo de Cruyff siempre ha estado presente) y que aguantase un par de
años hasta que el ex-crack azulgrana estuviera disponible para llegar
en plan Salvador Universal y tomar el mando. Es decir, que el azar nos
jugó una mala pasada que luego se ha convertido en golpe de suerte,
porque ¿alguien cambiaría ahora a Rijkaard por Koeman? Yo, desde
luego, no. Si hacemos encuestas, apuesto a que la gente seguirá
pensando que Koeman es un gran tipo pero que es mejor que se quede en
Portugal...
Ronaldinho
Gaúcho es el crack barcelonista porque no pudo venir David
Beckham, la flamante promesa electoral de Laporta. Debemos estarle muy
agradecido al inglés por preferir el señorío (o el dinero) blanco
antes que el ilusionante proyecto azulgrana, porque no me imagino un
equipo campeón que tenga a Beckham como gran estrella. El vestuario
sería otro y desde luego no hubiéramos llegado tan arriba en ningún
aspecto. En este tercer caso, el azar también hizo efecto, aunque por
supuesto Sandro Rossell también jugó su parte convenciendo al
brasileño de que podía hacer historia en Can Barça.
En
definitiva, que los que ahora están hablando de cambio de ciclo, de
nueva generación de futbolistas y de un nuevo "Dream Team",
deberían tener en cuenta el "factor azar" antes de apuntarse
tantos o medallitas, tan fáciles de colgar pero que se acaban oxidando
en la solapa del más pintado. Los optimistas pensarán que realmente es
el Destino el que guía el futuro del equipo, pero como de esos hay muy
pocos entre la culerada, yo me quedo con el Azar. Ese nunca falla,
aunque es tan caprichoso que nunca puedes fiarte de él...
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Mundial
2006
(Julio de
2006).
Seis de
julio de 2006. En plenas vísperas de los sanfermines, es momento de reflexionar
sobre el Mundial de fútbol Alemania 2006.
Depués de
vender más camisetas con "Opá, vamos a por el mundiá"
que David Beckham, un personaje llamado El Koala (alias "Opá"),
se erige en los primeros compases como el protagonista indiscutible del
torneo, al menos en tierras españolas y alemanas, pintadas de repente
de rojo koala. Luego la historia futbolística se empeña en no
cambiar y aparecen las crónicas de fútbol como setas en octubre. Pero
todas ellas van muy desencaminadas.
Luego
aparecen Cesc, Messi, Torres, Cristiano Ronaldo... Los jóvenes acaparan
la atención mediática del Mundial, pero son otros los que se llevan el
gato al agua. No es oro todo lo que reluce, y no me refiero sólo al
triste récord de expulsiones por arte y gracia de unos árbitros
demasiado severos. España empieza enamorando como nunca para caer
pronto como siempre, Brasil se pasea orgullosa sin convencer y cae poco
después, Alemania es la anfitriona pero se queda en las semis...
Algo raro está sucediendo, más allá de la mera competición
deportiva.
Seamos claros: ¿quién dice que
Thierry Henry es el jugador más decisivo del Mundial, sólo por
descolocar a toda la defensa española, por marcar el gol decisivo a
Brasil o por forzar el trascendental penalty ante Portugal? Todo
mentira: la realidad es que Zinedine Zidane es el auténtico Mago
Negro del mundial y está todo sentenciado
de antemano.
Zizou se resiste a la jubilación
usando magia negra descaradamente y sin que nadie lo evite. Antes del
partido con España, pasó su maleficio a Raúl saludándole cariñosamente
antes del inicio, con la excusa de la camaradería y todo eso. España
fue eliminada y Raúl estuvo entre los peores. Luego hizo lo propio con
el gordito Ronaldo y eliminó a Brasil sin que el delantero tuviera
ocasión de evitarlo. Probablemente antes de empezar el partido también
le dijo algo a Ronaldinho, que estuvo tan ausente como el "Jogo
Bonito" de su seleçao. Y finalmente sentenció a "mercenario"
Figo, un pre-jubilado y ex-galáctico como él, para mandar a casa a un
ilusionado Portugal y con una manifiesta ocasión de gol para el luso,
que falló lo que casi nunca ha fallado.
En la final le espera ya el eterno Del
Piero, ex-compañero también de la Juventus de Turín, y aunque el peso
específico del veterano jugador italiano ha descendido en proporción
inversa a su edad, probablemente sea él el elegido como chivo
expiatorio. Así las cosas, es muy probable que el maleficio de Zidane
culmine con la segunda copa del mundo para Francia.
Justo o no, va a ser así. Porque en el
amor, en la guerra y en el fútbol... todo vale.
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Miscelánea
Este
rincón recogerá todo aquello que no sepa categorizar de otro modo. Es
un cajón de sastre, que espero no crezca demasiado...
Demasiado
Larga
Almodóvar,
Aznar y Amenábar
Fui
a comprar un ordenador
Tres
Reyes, tres regalos
Demasiado
larga
(Texto
original 2005)
Es
demasiado larga. Y lo peor es que llama demasiado la atención. Por casa
aún tira que te va, pero es que en cuanto salgo a la calle, la gente se
me queda mirando y me resulta muy incómodo. Empiezan por la cara, poco
a poco, como disimulando, pero rápidamente bajan la mirada hasta más
abajo del cinturón y muchos hasta sonríen viendo cómo va de un lado a
otro. Es que es exagerado. Hasta me cuesta trabajo caminar bien, tengo
que andar con las piernas abiertas para no pillarme la punta entre los
muslos y hacerme daño.
Sí,
es cierto que a mi mujer le encanta, ella dice que no sea tonto, que
debería estar orgulloso de esos diez o doce centímetros de más. Pero
claro, ella antes salía con un tipo senegalés que tenía el mismo
problema y que no le daba la menor importancia, incluso se enorgullecía
de la diferencia y se burlaba de otros hombres que la tenían mucho más
corta.
Lo
cierto es que un día le pregunté al vecino del segundo y el tipo le
dio la razón a mi mujer, decía que cuanto más larga y pendulona
mejor, aunque yo creo que es porque es medio mariquita y tiene una
percepción distinta de este tipo de cosas. Hasta se permitió la
confianza de toqueteármela y todo, el muy impresentable. No sé cómo
me aguanté.
Por
cierto, esta tarde tengo cita con el urólogo por unas molestias en el
riñón, le preguntaré a él a ver qué opina. No, no, pensándolo
mejor, no lo haré. Es mejor que no. Me la cortaré a tijeretazo limpio
sin mayores contemplaciones y la tiraré a la primera papelera que vea.
Estas cosas es mejor cortarlas por lo sano.
Sí, sí, está decidido:
además de larga, es la corbata más horrorosa que me he puesto en la
vida, aunque sea un regalo de mi mujer.
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Almodóvar,
Aznar y Amenábar
(Texto
original)
Almodóvar,
Aznar, Amenábar… ¿Es necesario apellidarse A-R para triunfar?
Sin
duda las letras A-R son especiales, no sólo en los verbos de la primera
conjugación sino como grito u orden militar, la palabra más repetida
por un sargento chusquero después de “coño”, “cojones” y
“joder”. Sólo así se explica la invasión de A-R que hemos sufrido
en los últimos años, desde los simples crucigramas hasta la
presidencia de la nación, pasando por las salas cinematográficas de
medio mundo. ¿Estamos ante una de las profecías de Nostradamus?
Primero
fue Pedro Almodóvar, que juntó a un grupo de gente anónima de todo
pelaje, preferentemente gays y con las narices empolvadas en grado
variable, con un puñado de buenas actrices por aquel entonces
devaluadas o en paro, para
hacer unas cuantas películas pasadas de vueltas, ambientadas en la
noche madrileña (fiesta, movida, puterío, descontrol en general) pero
con cierto olor (a veces muy tenue o directamente inapreciable) a buen
cine. Funcionó y entró en las Américas por la puerta grande, con un
puro en una mano y una banderilla en la otra, proclamando que su armario
estaba abierto de par en par. “Así se triunfa”, pensásteis casi
todos.
Luego
vino Josemari Aznar, el del bigotito y cejo fruncido, un tipo que será
recordado por el gracioso e imaginativo eslogan de “España va bien”
y al que, por mucho que se le quiera criticar, no se le puede negar el mérito
de lo que hizo, que algo hizo, creo. Desde luego, si su imagen hubiera
sido otra, más alto, apuesto y simpático, el Scharzennegger (que me
perdone si falta o sobra alguna letra) se hubiera echado a temblar
porque el salto a la casa blanca del “enanito bigotudo” hubiera sido
un hecho. No, Florentino, tranquilo. No me refiero a esa casa blanca.
Y
ahora llega Alejandro Amenábar, ese directorazo con cara de niño y
recién salido del armario (está muy de moda proclamarlo a los cuatro
vientos) que de pequeño debió pisar una enorme caca de vaca porque, si
no, no me lo explico: todo lo que hace (o dirige) lo transforma en oro
(o en éxito de taquilla, que viene a ser lo mismo). “Tesis”,
“Abre los ojos”, “Los otros”… Y ahora con “Mar adentro”,
que puede resultar en general tristona pero que todos los demás
adjetivos que se quieran usar seguro que son buenos, cinematográficamente
hablando. Además, bostezar un poco es bueno porque hiperventilamos los
pulmones y oxigenamos mejor las células del cuerpo.
Por
si acaso, buscaros una pareja que se apellide Aguilar o Amador, por
ejemplo, que seguro que triunfa y os podrá mantener, haga lo que haga.
El éxito está garantizado, o casi.
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