Trestreses

 Página personal de Lino Franch, en la red desde el 21 de septiembre de 2004                                                
 Revisada el
30-03-2008

 

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Lecturas

 

Aquí recopilo pequeños fragmentos de escritos clásicos, aunque como buen aficionado a la cocina mediterránea y asiática, he querido contrastar tanta erudición y seriedad con unos cuantos escritos de diversa procedencia y variada calidad literaria (foro internet). 

 

Los que sí están bien escritos son los textos que algunos de mis amigos escritores han tenido a bien mandarme, aunque este apartado está abierto a cualquiera que quiera exponer aquí sus escritos >>> Enviar relato.

  

Delicias literarias

Foro internet

Mis amigos escritores

Delicias literarias

(Textos originales recopilados de Internet o de mi biblioteca personal)

 

Suicidas (1)

Suicidas (2)

Libro del Buen Amor

A orillas del Duero

A mi buitre

Informe sobre ciegos

 

Suicidas (1/2)

(Guy de Maupassant, Primera parte) 

 

No pasa un día sin que aparezca en los periódicos la relación de algún suceso como éste:

 

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"Anoche, los vecinos de la casa número tal de la calle tal oyeron dos o tres detonaciones y, saliendo a la escalera para saber lo que ocurría, entre todos pudieron comprobar que se habían producido en el cuarto del señor X. Al abrir la puerta de dicho cuarto —después de llamar inútilmente— vieron al inquilino tendido en el suelo, sobre un charco de sangre y empuñando aún el revólver con el cual se había ocasionado la muerte.

 

"Se ignora la causa de tan funesta determinación, porque el señor X. vivía en posición desahogada y, teniendo ya cincuenta y siete años, disfrutaba de bastante salud."

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¿Qué angustiosos tormentos, qué ocultas desdichas, qué horribles desencantos convierten a esas personas, al parecer felices, en suicidas?

 

Indagamos, presumimos al punto, dramas pasionales, misterios de amor, desastres de intereses, y como no se descubre jamás una causa precisa, cubrimos con una palabra esas muertes inexplicables: "Misterio, misterio".

 

Una carta escrita poco antes de morir, por uno de los muchos que "se suicidan sin motivo", cayó en mi poder. La juzgo interesante. No descubre ningún derrumbamiento, ninguna miseria espantosa, nada de lo extraordinario que se busca siempre para justificar una catástrofe; pero pone de relieve la sucesión de pequeños desencantos que desorganizan fatalmente la existencia solitaria de un hombre que ha perdido todas las ilusiones y acaso explique —a los nerviosos y a los sensitivos, al menos— la tragedia inexplicable de "suicidios inmotivados".

 

Guy de Maupassant

(Francia, 1850-1893)

 

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Suicidas (2/2)

(Guy de Maupassant, Segunda parte) 

 

La carta 

 

"Son ya las doce de la noche. Cuando haya escrito esta carta, voy a matarme. ¿Por qué? Trato de razonar mi determinación, para darme cuenta yo mismo de que se impone fatalmente, de que no debo aplazarla.

 

"Mis padres eran gentes muy sencillas y crédulas. Yo creí en todo, como ellos.

 

"Mi engaño duró mucho. Hace poco, se desgarraron para mí los últimos jirones que me velaban la verdad; pero hace ya bastantes años que todos los acontecimientos de mi existencia palidecen. La significación de lo más brillante y atractivo se me presenta en su torpe realidad; la verdadera causa del amor llegó incluso a sustraerme de las poéticas ternuras.

 

"Nos engañan estúpidas y agradables ilusiones que se renuevan sin cesar.

 

"Envejeciendo, me había resignado a la horrible miseria de las cosas, a lo vano de todo esfuerzo, a lo inútil que resulta siempre la esperanza: cuando una luz nueva inundó el vacío de mi vida esta noche, después de comer.

 

"¡Antes yo era feliz! Todo me alegraba: las mujeres al pasar, las calles, mi vivienda, y aun la hechura de mis ropas constituía para mí una preocupación agradable. Pero las mismas ideas, los mismos actos repetidos, monótonos, acabaron por sumergir mi alma en una laxitud espantosa.

 

"Todos los días, a la misma hora, durante treinta años, me levanté de la cama; y todos los días, en el mismo restaurante, durante treinta años, a las mismas horas, me servían los mismos platos mozos diferentes.

 

"Me propuse viajar. El aislamiento que sentimos en ciudades nuevas, en residencias desconocidas, me asustó. Sentíame tan abandonado sobre la tierra, tan insignificante, que volví a tomar el camino de mi casa.

 

"Y, entonces, la inmutable fisonomía de los muebles, fijos en el mismo lugar durante treinta años, las rozaduras de mis sillones, que yo conocí nuevos, el olor de mi casa —cada casa que habitamos, con el tiempo adquiere un olor especial— acabaron produciéndome náuseas y la negra melancolía de vivir mecánicamente.

 

"Todo se repite sin cesar y de un modo lamentable. Hasta la manera de introducir —al volver cada noche— la llave en la cerradura; el sitio donde siempre dejo las cerillas; la mirada que al entrar esparzo en torno de mi habitación, mientras el fósforo se inflama. Y todo me provoca —para verme libre de una existencia tan ruin— a tirarme por el balcón.

 

"Mientras me afeito, cada mañana me seduce la idea de degollarme, y mi rostro, el mismo siempre, que se refleja en el espejo con las mejillas cubiertas de jabón, muchas veces me hizo llorar de tristeza.

 

"Ni siquiera me complace tropezar con personas a las cuales veía con gusto hace tiempo; las conozco tanto que adivino lo que me dirán y lo que les diré; a fuerza de razonar con las mismas, descubrimos la ilación de sus ideas. Cada cerebro es como un circo donde un pobre caballo da vueltas. Por mucho que nos empeñemos en buscar otros caminos, por muchas cabriolas que hagamos, la pista no varía de forma ni ofrece lances imprevistos ni abre puertas ignoradas. Hay que dar vueltas y más vueltas, pasando siempre por las mismas reflexiones, por los mismos chistes, por las mismas costumbres, por las mismas creencias, por los mismos desencantos.

 

"Al retirarme hoy a mi casa, una insistente niebla invadía el bulevar, oscureciendo los faroles de gas, que parecían candilejas. Pesaba el ambiente húmedo sobre mis hombros como una carga. Seguramente hago una digestión difícil.

 

"Y una buena digestión lo es todo en la vida. Ofrece inspiraciones al artista, deseos a los jóvenes enamorados, luminosas ideas a los pensadores, alegría de vivir a todo el mundo, y permite comer con abundancia —lo cual es también una dicha. Un estómago enfermo conduce al escepticismo, a la incredulidad, engendra sueños terribles y ansias de muerte. Lo he notado con frecuencia. Es posible que no me matara esta noche, haciendo una buena digestión.

 

"Después de haberme acomodado en el sillón donde me siento hace treinta años todos los días, miré alrededor, creyéndome víctima de un desaliento espantoso.

 

"¿De qué medio valerme para escapar a mi razón macilenta, más horrible aún que la desordenada locura? Cualquier empleo, cualquier trabajo me parece más odioso que la acción en que vivo. Quise poner en orden mis papeles.

 

"Hacía tiempo que deseaba registrar los cajones de mi escritorio, porque durante los treinta últimos años había metido allí, al azar, las cartas y las cuentas. Aquel desorden llegó a preocuparme algunas veces; pero me sobrecoge una fatiga tal en cuanto me propongo un trabajo metódico y ordenado, que nunca me atreví a empezar.

 

"Esta noche me senté junto a mi escritorio y abrí, resuelto a preservar algunos papeles y romper la mayor parte. Quedéme de pronto pensativo ante aquel hacinamiento de hojas amarillentas; luego cogí una.

 

"¡Oh! Si aprecian en algo su vida, no toquen jamás las cartas viejas que guardan los cajones de su escritorio. Y si no pueden resistir la tentación de abrirlos, cojan a granel, con los ojos cerrados, los paquetes de cartas para tirarlos al fuego; no lean ni una sola frase, porque sólo ver la escritura olvidada y de pronto reconocida, los lanza en un océano de recuerdos; quemen esos papeles que matan; cuando estén hechos pavesas, pisotéenlos para convertirlos en impalpables cenizas... Y si no lo hacen así, los anonadarán como acaban de anonadarme y destruirme.

 

"¡Ah! Las primeras cartas no me han interesado; eran de fechas recientes y de personas que viven y a las que veo, sin gusto, con alguna frecuencia. Pero, de pronto, la vista de un sobre me ha estremecido. Al reconocer los rasgos de la escritura se han cubierto mis ojos de lágrimas. Era la letra de mi mejor amigo, del compañero de mi juventud, del confidente de mis esperanzas. Y se me apareció tan claramente, con su bondadosa sonrisa, tendiéndome las manos, que sentí un escalofrío penetrante; hasta mis huesos vibraron. Sí, sí; los muertos vuelven. ¡Lo he visto! Nuestra memoria es un mundo más acabado aún que el universo; ¡puede hacer vivir hasta lo que no existe!

 

"Con la mano temblorosa y los ojos turbios, recorrí toda su carta, y en mi pobre corazón angustiado, he sentido un desgarramiento espantoso. Mis lamentaciones eran tan lastimosas, como si me hubiesen magullado las carnes.

 

"Así he ido remontándome a través de mi vida, como remontamos un río, luchando contra la corriente. Aparecieron personas olvidadas, cuyos nombres no puedo recordar; pero su rostro sí lo recuerdo. En las cartas de mi madre, resucitan criados antiguos, el aspecto de nuestra casa y mil detalles nimios que una inteligencia infantil recoge.

 

"Sí; he visto de pronto los vestidos que usó mi madre en distintas épocas y, según la moda y según el tocado, mostraba una fisonomía diferente. Sobre todo me obsesionaba con un traje de seda rameado, y recuerdo que un día, llevando aquel traje, me amonestó dulcemente: 'Roberto, hijo mío, si no procuras erguirte un poco, serás jorobado toda tu vida'.

 

"Luego, al abrir otro cajón, aparecieron las prendas marchitas de mis amores: un zapatito de baile, un pañuelo desgarrado, una liga de seda, trencitas de pelo, flores... Y las novelas de mi vida sentimental me sumergieron más en la triste melancolía de lo que no vuelve. ¡Ah! ¡Las frentes juveniles orladas con rubios cabellos, las manos acariciadoras, los ojos insinuantes, la sonrisa que promete un beso, el beso que asegura un paraíso!... Y ¡el primer beso!... Aquel beso delicioso, interminable, que ofusca la mirada, que abate la imaginación, que nos posee y nos glorifica, ofreciéndonos a la vez un goce ideal y la promesa de otros goces deseados.

 

"Cogiendo con ambas manos aquellas prendas tristes de lejanas ternuras, las cubrí de caricias furiosas y en mi corazón desolado por los recuerdos sentía resonar cada hora de abandono, sufriendo un suplicio más cruel que las monstruosas leyendas infernales. ¡Ah! ¿Por qué las abandoné o por qué me abandonaron?

 

"Quedaba por ver una carta fechada hacía medio siglo. Me la dictó el maestro de escritura: 'Mamita de mi alma: hoy cumplo siete años. A esa edad ya se discurre; ya sé lo que te debo. Te juro emplear bien la vida que me has dado.

'Tu hijo que te adora, Roberto'.

 

"Me había remontado hasta el origen. El recuerdo era desconsolador. ¿Y el porvenir? Quise profundizar en lo que me faltaba de vida, y se me apareció la vejez espantosa y solitaria, con su cortejo de achaques y dolencias... ¡Todo acabado para mí! ¡Nadie junto a mí!

 

"El revólver está sobre la mesa... Es tentador... "¡No lean nunca las cartas de otros tiempos! ¡No recuerden viejas memorias!..."

 

Así es como se matan muchos hombres en cuya plácida existencia no hallamos el verdadero motivo de su fatal resolución.

 

Guy de Maupassant

(Francia, 1850-1893)

 

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AGRADECIMIENTOS:

Gerardo Herreros, http://www.herreros.com.ar

   

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Libro del Buen Amor

 

No penséis que es un libro necio, de devaneo,
un ni por burla toméis algo de lo que os leo,
pues como buen dinero custodia vil correo
así, en feo libro está saber no feo.
 
El ajenuz, por fuera, negro es más que caldera
y por dentro muy blanco, más que la peñavera;
blanca, la harina yace so negra tapadera,
lo dulce y blanco esconde la caña azucarera.
 
Bajo la espina crece la noble rosa flor,
so fea letra yace saber de gran doctor;
como so mala capa yace buen bebedor,
así, so mal tabardo, está el Buen Amor. 
 

Juan Ruiz (Arcipreste de Hita), "Libro del Buen Amor".
 

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A orillas del Duero

 

Mediaba el mes de julio. Era un hermoso día.
Yo, solo, por las quiebras del pedregal subía,
buscando los recodos de sombra, lentamente.
A trechos me paraba para enjugar mi frente
y dar algún respiro al pecho jadeante;
o bien, ahincando el paso, el cuerpo hacia delante
y hacia la mano diestra vencido y apoyado
en un bastón, a guisa de pastoril cayado,
trepaba por los cerros que habitan las rapaces
aves de altura, hollando las hierbas montaraces
de fuerte olor —romero, tomillo, salvia, espliego—.
Sobre los agrios campos caía un sol de fuego.
Un buitre de anchas alas con majestuoso vuelo
cruzaba solitario el puro azul del cielo.
Yo divisaba, lejos, un monte alto y agudo,
y una redonda loma, cual recamado escudo,
y cárdenos alcores sobre la parda tierra
—harapos esparcidos de un viejo arnés de guerra—,
las serrezuelas calvas por donde tuerce el Duero
para formar la corva ballesta de un arquero
en torno a Soria. —Soria es una barbacana,
hacia Aragón, que tiene la torre castellana—.
Veía el horizonte cerrado por colinas
oscuras, coronadas de robles y de encinas;
desnudos peñascales, algún humilde prado
donde el merino pace y el toro, arrodillado
sobre la hierba rumia; las márgenes del río
lucir sus verdes álamos al claro sol de estío,
y, silenciosamente, lejanos pasajeros,
¡tan diminutos! —carros, jinetes y arrieros—,
cruzar el largo puente, y bajo las arcadas
de piedra ensombrecerse las aguas plateadas
del Duero.

 
El Duero cruza el corazón de roble
de Iberia y de Castilla.
¡Oh, tierra triste y noble,
la de los altos llanos y yermos y roquedas,
de campos sin arados, regatos ni arboledas;
decrépitas ciudades, caminos sin mesones
y atónitos palurdos sin danzas ni canciones
que aún van, abandonando el mortecino hogar,
como tus largos ríos, Castilla, hacia la mar!
 

Antonio Machado, "A orillas del Duero" (fragmento).
 

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A mi buitre

 

Este buitre voraz de ceño torvo 
que me devora las entrañas fiero 
y es mi único y constante compañero 
labra mis penas con su pico corvo.
El día en que le toque el postrer sorbo 
apurar de mi negra sangre, quiero 
que me dejéis con él solo y señero 
un momento, sin nadie como estorbo.
Pues quiero, triunfo haciendo mi agonía, 
mientras él mi último despojo traga, 
sorprender en sus ojos la sombría
mirada al ver la suerte que le amaga 
sin esta presa en que satisfacía 
el hambre atroz que nunca se le apaga.

 

Miguel de Unamuno, poema «A mi buitre» 

(del libro "Rosario de sonetos líricos", 1911).

 

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Informe sobre ciegos

 

¡Oh, dioses de la noche!

¡Oh, dioses de las tinieblas, del incesto y del crimen,

de la melancolía y del suicidio!

¡Oh, dioses de las ratas y de las cavernas,

de los murciélagos, de las cucarachas!

¡Oh, violentos, inescrutables dioses

del sueño y de la muerte!

 

¿Cuándo empezó esto que ahora va a terminar con mi asesinato? Esta feroz lucidez que ahora tengo es como un faro y puedo aprovechar un intensísimo haz hacia vastas regiones de mi memoria: veo caras, ratas en un granero, calles de Buenos Aires o Argel, prostitutas y marineros; muevo el haz y veo cosas más lejanas: una fuente en la estancia, una bochornosa siesta, pájaros y ojos que pincho con un clavo. Tal vez ahí, pero quién sabe: puede ser mucho más atrás, en épocas que ahora no recuerdo, en períodos remotísimos de mi primera infancia. No sé. ¿Qué importa, además? (...)

 

Ernesto Sábato, «Informe sobre ciegos» 

("Sobre héroes y tumbas", 1961).

 

 

Encontrarás más textos en la web: 

http://jaserrano.com/

 

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Mayo longo

 

Mayo longo, longo mayo,

todo cubierto de rosa

para alguns tela de morte,

para outros telas de boda.

 

Mayo,longo mayo, longo

fuches curto para min

veu contigo a miña dicha

volveu contigo o fuxir.

 

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Mayo largo, mayo largo

todo cubierto de rosas

para algunos son de muerte

para otros son de bodas.

 

Mayo largo, mayo largo

fuiste corto para mi

contigo vino mi dicha

contigo se volvió a ir.

 

Rosalía de Castro.

  

Fuente

http://www.marineda.net/escrit.htm

  

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Foro internet 

 

Soy tus ojos

Parte de accidente

Somos muy modernos

Carta a George W. Bush

Nuestra generación

El burro catalán

Bill Gates y General Motors

Nombres raros

 

Soy tus ojos

(Basado en un correo recibido el año 2000)

 

Dos hombres, los dos gravemente enfermos, ocupaban la misma habitación de hospital. Uno de los dos podía sentarse en su cama durante una hora cada mediodia, a fin de evacuar los fluidos de sus pulmones. Su cama estaba al lado de la única ventana de la habitacion. El otro hombre debia pasar sus dias completamente inmovilizado, tumbado sobre su espalda, sin siquiera poder ver a su vecino.

 

Los dos hombres hablaban durante horas. Hablaban de sus esposas, de su familia, de su casa, de su empleo, del servicio militar y de dónde habian estado de vacaciones. Y cada mediodia, cuando el hombre junto a la ventana podia sentarse, pasaba todo el tiempo describiendo a su compañero todo cuanto sucedía afuera.

 

El hombre de la otra cama empezó a mejorar gracias a esos ratos de una hora en los que su mundo era ampliado y animado por todas las actividades y colores del mundo exterior. Desde la habitación, la vista daba a un parque con un hermoso lago. Los patos y los cisnes jugaban en el agua, mientras los niños hacían navegar sus pequeños barcos entre risas. Los jovenes enamorados paseaban su amor enlazados entre flores de todos los colores del arco iris. Grandes árboles decoraban el paisaje y una hermosa vista de la ciudad se podia percibir en el horizonte.

 

Mientras el hombre junto a la ventana describía todo esto con exquisito detalle, el hombre del otro lado de la habitacion cerraba sus ojos, sonreía e imaginaba la escena. Otro mediodia, el hombre cerca de la ventana describió un desfile que pasaba por alli, y aunque el hombre yacente no pudo siquiera oír la orquesta, pudo sin embargo verla claramente con el ojo de su imaginación.

 

Una mañana, la enfermera de dia llegó para traer el desayuno y descubrió el cuerpo sin vida del hombre que dormía junto a la ventana. Su vida se había apagado, apaciblemente, mientras dormía.

 

Profundamente entristecido, su compañero de habitación pidió si podía ser trasladado al lado de la ventana. La enfermera se alegró de poder complacerle y, tras asegurarse de que estaba confortablemente instalado, le dejó solo.

 

Lentamente, fortalecido día tras día gracias a las historias de su vecino de cama, consiguió alzarse sobre un codo para echar un primer vistazo. Al fin tendría la dicha de ver por sí mismo todo lo que su companero le había descrito con tanta precisión. Pero todo lo que sus ojos vieron fue... Un muro de piedra gris.

 

-¿Por qué me describió tantas maravillas, si no habia nada? -le preguntó a la enfermera. 

-Puede que simplemente hubiera querido darle ánimos. Era ciego.

 

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Parte de accidente

(Basado en hechos reales ocurridos en 1997)

 

Publicado en "Ya" el 22 de octubre de 1997.  A su vez, este diario lo tomó del Nº 282 de la revista "Aseguradores".  Se trata del relato que un obrero de la construcción, de nacionalidad extranjera, hizo para su mutua después de sufrir un accidente laboral.

 

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Excelentísimos señores, soy asentador de ladrillos.  El pasado día 8 de junio estaba trabajando solo en el tejado de un edificio de seis pisos.

 

Cuando acabé mi trabajo verifiqué que me habían sobrado, más o menos, 250 kilos de ladrillos.

 

En vez de llevarlos a mano para abajo, decidí colocarlos dentro de un bidón y con la ayuda de una roldana, que felizmente estaba fijada en uno de los lados del edificio en el sexto piso, hacerlos descender.

 

Descendí y até el bidón con una cuerda y me fui hacia el tejado. Empujé el bidón hacia arriba y coloque los ladrillos dentro.

 

Volví para abajo, desaté la cuerda y la aseguré con fuerza, de modo que los 250 kilos de ladrillos descendieran despacio.

 

Como yo solo peso 80 kilos, cual fue mi sorpresa cuando repentinamente me elevé del suelo, perdí mi presencia de ánimo y me olvidé de soltar la cuerda. No es necesario decir que fui izado del suelo a gran velocidad.

 

En las proximidades del tercer piso, choqué contra el bidón que descendía, lo que explica la fractura de cráneo y la clavícula partida.

 

Continué subiendo a una velocidad ligeramente menor, no parando hasta que mis dedos quedaron enganchados en la roldana.

 

Felizmente ya había recuperado mi presencia de animo y conseguí, a pesar de los dolores, seguir agarrado a la cuerda.

 

Más o menos al mismo tiempo, el bidón con los ladrillos cayó al suelo y el fondo se partió.

 

Sin los ladrillos, el bidón pesaba más o menos 25 kilos. Como pueden imaginar, comencé a descender rápidamente.  Cerca del tercer piso me encontré con el bidón que subía, lo que explica la fractura de los tobillos y las laceraciones en las piernas y la banda inferior del cuerpo.

 

Al encontrarme con el bidón, disminuyo la velocidad de mi descenso lo suficiente como para minimizar mis sufrimientos cuando caí encima de los ladrillos. Felizmente sólo me fracture tres vértebras.

 

Lamento, sin embargo, informar que cuando me encontraba caído encima de los ladrillos, con dolores e incapacitado para levantarme, se me vino el bidón encima, perdí nuevamente la presencia de animo y solté la cuerda.

 

El bidón pesaba mas que la cuerda, entonces descendió y cayo encima de mis piernas.  Este hecho me provocó la fractura inmediata de ambas extremidades.

 

Espero haber dado informacion detallada de la forma en la que sucedió el accidente .

 

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Somos muy modernos

(Ana María, de Madrid,  envió este texto hace un tiempo a un programa de RNE)

 

Desde que las insignias se llaman pins, los maricones gays, las comidas frías lunchs, y los repartos de cine castings, este país no es el mismo: ahora es mucho, muchísimo mas moderno.

 

Antaño los niños leían tebeos en vez de comics, los estudiantes pegaban posters creyendo que eran carteles, los empresarios hacían negocios en vez de business, y los obreros, tan ordinarios ellos, sacaban la fiambrera al mediodía en vez del tupper-ware.

 

Yo, en el colegio, hice aerobic muchas veces, pero, tonta de mí, creía que hacía gimnasia. 

 

Nadie es realmente moderno si no dice cada día cien palabras en inglés. Las cosas, en otro idioma, nos suenan mucho mejor.

 

Evidentemente, no es lo mismo decir bacon que panceta, aunque tengan la misma grasa, ni vestíbulo que hall ni inconveniente que handicap... Desde ese punto de vista, los españoles somos modernísimos. Ya no decimos bizcocho, sino plum-cake, ni tenemos sentimientos, sino feelings. Sacamos tickets, compramos compacts, comemos sandwiches, vamos al pub, practicamos el rappel y el rafting , en lugar de acampar hacemos camping y, cuando vienen los fríos, nos limpiamos los mocos con kleenex. Esos cambios de lenguaje han influido en nuestras costumbres y han mejorado mucho nuestro aspecto. Las mujeres no usan medias, sino panties y los hombres no utilizan calzoncillos, sino slips o boxers y después de afeitarse se echan after-shave, que deja la cara mucho más fresca que el tónico. El español moderno ya no corre, porque correr es de cobardes, pero hace footing; no estudia, pero hace masters y nunca consigue aparcar pero siempre encuentra un parking

 

El mercado ahora es el marketing; el autoservicio, el self-service; el escalafón, el ranking y el representante, el manager. Los importantes son vips, los auriculares walkman, los puestos de venta stands, los ejecutivos yuppies; las niñeras baby-sitters, y hasta nannies, cuando el hablante moderno es, además, un pijo irredento. En la oficina, el

 

El arcaico aperitivo ha dado paso a los cocktails, donde se jartan a bitter y a roast-beef que, aunque parezca lo mismo, engorda mucho menos que la carne.

Ustedes, sin ir más lejos trabajan en un magazine, no en un programa. 

 

En la tele, cuando el presentador dice varias veces la palabra O.K. y baila como un trompo por escenario la cosa se llama show, bien distinto, como saben ustedes, del anticuado espectáculo; si el show es heavy es que contiene carnaza y si es reality parece el difunto diario El Caso, pero en moderno. Entre medias, por supuesto, ya no ponen anuncios, sino spots que, aparte de ser mejores, te permiten hacer zapping. Estas cosas enriquecen mucho.

 

Para ser ricos del todo, y quitarnos el complejo tercermundista que tuvimos en otros tiempos, solo nos queda decir con acento americano la única palabra que el español ha exportado al mundo: la palabra SIESTA.

 

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Carta a George W. Bush

(Carta abierta de Gabriel García Márquez a George W. Bush tras los atentados del 11-S)

 

¿Cómo se siente? ¿Cómo se siente ver que el horror estalla en tu  patio y no en el  living del vecino? ¿Cómo se siente el miedo apretando tu pecho, el pánico  que provocan el ruido ensordecedor, las llamas sin control, los edificios  que  se derrumban, ese  terrible olor que se mete hasta el fondo en los pulmones,  los ojos  de los inocentes que caminan cubiertos de sangre y polvo? ¿Cómo se  vive por un día en tu propia casa la incertidumbre de lo que va a pasar? ¿Cómo se sale del estado de shock?  

 

En estado de shock caminaban el 6 de agosto de 1945 los sobrevivientes de  Hiroshima. Nada quedaba en pie en la ciudad luego que el artillero norteamericano del Enola Gay dejara caer la bomba. En pocos segundos  habían muerto 80.000 hombres mujeres y niños. Otros 250.000 morirían en los años siguientes a causa de las radiaciones. Pero ésa era una guerra lejana y ni siquiera existía la  televisión.

 

¿Cómo se siente hoy el horror cuando las terribles imágenes de la televisión te dicen que lo ocurrido el fatídico 11 de septiembre no pasó en una tierra lejana sino en tu propia patria?

 

Otro 11 de setiembre, pero de 28 años atrás, había muerto un presidente de nombre Salvador Allende resistiendo un golpe de Estado que tus gobernantes habían planeado. También fueron tiempos de horror, pero eso pasaba muy lejos de tu frontera, en una ignota republiqueta sudamericana. Las  republiquetas estaban en tu patio trasero y nunca te preocupaste mucho cuando tus marines salían a sangre y fuego a imponer sus puntos de vista. ¿Sabías que entre 1824 y 1994 tu país llevó a cabo 73 invasiones a  países de América Latina? Las víctimas fueron Puerto Rico, México, Nicaragua, Panamá,  Haití, Colombia, Cuba, Honduras, República Dominicana, Islas Vírgenes, El  Salvador, Guatemala y Granada. Hace casi un siglo que tus gobernantes están en guerra. Desde el comienzo del siglo XX, casi no hubo una guerra en el mundo en que la gente de tu Pentágono no hubiera participado.

 

Claro, las bombas siempre explotaron fuera de tu territorio, con excepción de Pearl Harbor, cuando la aviación japonesa bombardeó la Séptima Flota en 1941.

 

Pero siempre el horror estuvo lejos. Cuando las Torres Gemelas se vinieron abajo en medio del polvo, cuando viste las imágenes por televisión o escuchaste los gritos porque estabas esa mañana en Manhattan, ¿pensaste por un segundo en lo que sintieron los campesinos de Vietnam durante muchos años? En Manhattan, la  gente caía desde las alturas de los rascacielos como trágicas marionetas.

 

En Vietnam, la gente daba alaridos porque el napalm seguía quemando la carne por mucho tiempo y la muerte era espantosa, tanto como las de quienes caían en  un salto desesperado al vacío. Tu aviación no dejó una fábrica en pie ni un puente sin destruir en Yugoslavia. En Irak fueron 500.000 los muertos.

 

Medio millón de almas se llevó la Operación Tormenta del Desierto. ¿Cuánta gente murió quemada, mutilada, acribillada, aplastada, desangrada en lugares tan exóticos y lejanos como Vietnam, Irak, Irán, Afganistán, Libia, Angola, Somalia, Congo, Nicaragua, República Dominicana, Camboya, Yugoslavia, Sudán, y una lista interminable? En todos esos lugares los proyectiles habían sido fabricados en factorías de tu país, y eran apuntados por tus muchachos, por gente pagada por tu Departamento de Estado, y sólo para que tú pudieras seguir gozando de la forma de vida americana. Hace casi un siglo que tu país está en guerra con todo el mundo. Curiosamente, tus gobernantes lanzan los jinetes del apocalipsis en nombre de la libertad y de la democracia. Pero debes saber que para muchos pueblos del mundo (en este planeta donde cada día mueren 24.000 pobladores por hambre o enfermedades curables), Estados Unidos no representa la  libertad, sino un enemigo lejano y terrible que sólo siembra guerra, hambre, miedo y destrucción.

 

Siempre han sido conflictos bélicos lejanos para ti, pero para quienes viven allá es una dolorosa realidad cercana una guerra donde los edificios se desploman bajo las bombas y donde esa gente encuentra una muerte horrible. Y las víctimas han sido, en el 90 por ciento, civiles, mujeres, ancianos, niños, efectos colaterales.

 

¿Qué se siente cuando el horror golpea a tu puerta aunque sea por un sólo día? ¿Qué se piensa cuando las víctimas en Nueva York son secretarias, operadores de bolsa o empleados de limpieza que pagaban puntualmente sus impuestos y nunca mataron una mosca?

 

¿Cómo se siente el miedo? ¿Cómo se siente, yanqui, saber que la larga guerra finalmente el 11 de septiembre llegó a tu casa?

 

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Nuestra generación

(Texto adaptado y revisado de un original recibido por e-mail)

 

A veces recordar no es un entretenimiento de la nostalgia, sino una enseñanza para el presente. Este artículo es un buen ejemplo.

 

Nos pasamos nuestra infancia y juventud esperando. Antes teníamos que hacer dos horas de digestión para no morirnos en el agua, dos horas de siesta para poder descansar, nos dejaban en ayunas toda la mañana del domingo hasta la hora de la comunión, los dolores se curaban simplemente esperando... Eso si no tenías fiebre, porque entonces te tapaban con tres mantas y te daban un caldo caliente para hacerte sudar. Nadie sabía que había que meter al niño en la bañera para bajarle la temperatura corporal.
 
Mirando atrás, es difícil creer que estemos vivos: Nosotros viajábamos en coches sin cinturones de seguridad y sin airbag, hacíamos viajes de 10 o 12 horas con cinco personas en un SEAT 600 y no sufríamos el síndrome de la clase turista, ni siquiera nos mareábamos. 
 
No tuvimos puertas, armarios, enchufes ni frascos de medicinas con tapa a prueba de niños. Merendábamos pan con aceite y sal, o pan con vino y azúcar, sin colorantes ni colesterol. Andábamos en bicicleta sin casco, hacíamos auto-stop sin miedo, más tarde íbamos en moto sin casco y sin papeles. 

 

Los columpios eran de metal, se oxidaban y tenían las esquinas en pico. Jugábamos a ver quien era el más bestia. Pasábamos horas construyendo carros para bajar por las cuestas a toda velocidad y sólo entonces descubríamos que habíamos olvidado los frenos. Jugábamos a "churro" y nadie sufria hernias ni dislocaciones vertebrales. Nos clavamos clavos oxidados en solares abandonados y nos cortábamos con vidrios rotos, pero bastaba con unas friegas con alcohol y una tirita que se despegaba enseguida.
 
Salíamos de casa por la mañana, jugábamos todo el día, y sólo volvíamos cuando se encendían las luces de la calle, o incluso más tarde. Nadie podía localizarnos. No había móviles, pero nos sentíamos libres. Nos rompíamos los huesos y los dientes y no había ninguna ley para castigar a los culpables. Nos abríamos la cabeza jugando a guerra de piedras y no pasaba nada, nos caíamos al suelo sin asfaltar y nos pelábamos los codos y las rodillas, pero eran cosa de niños y se curaban con mercromina y unos puntos. Nadie a quien culpar, sólo a nuestra propia torpeza. 
 
Tuvimos peleas y nos "esmorramos" los unos a los otros y aprendimos a superarlo. Comíamos dulces y bebíamos refrescos, pero no éramos obesos, a lo sumo alguno estaba un poco gordito y nada más. Compartimos botellas de refresco o lo que se pudiera beber y nadie enfermaba de nada por ello. Nos contagiábamos los piojos en el cole y nuestras madres lo arreglaban lavándonos la cabeza con vinagre caliente o rapándonos la cabeza al cero.
 
Quedábamos con los amigos y salíamos. O ni siquiera quedábamos, salíamos a la calle y allí nos encontrábamos todos y jugábamos a las chapas, a coger, al rescate, al escondite, a las canicas... en fin, tecnologÌa punta. Íbamos en bici o andando hasta casa de los amigos y llamábamos a la puerta sin pedir permiso a los padres, y nosotros solos, allá fuera, en el mundo cruel, sin ningún responsable vigilando. 

 

Hicimos juegos con palos o con neumáticos viejos, perdimos mil balones de fútbol y destrozamos cientos de pantalones arrastrándonos por el suelo. 
Bebíamos agua directamente del grifo, sin embotellar, y algunos incluso chupaban el grifo de las fuentes públicas. Íbamos a cazar lagartijas y pájaros con la escopeta de perdigones, antes de ser mayores de edad y sin adultos cerca que nos vigilasen.

 
En los juegos de la escuela, no todos participaban en los equipos y no por eso pasaba nada ni había que ir al psicólogo. Simplemente, los que no lo hacían tuvieron que aprender a lidiar con la decepción o buscarse otras distracciones. Algunos estudiantes no eran tan inteligentes como otros y suspendían y hasta repetían curso... ¡Qué horror, aún no habían  inventado exámenes extra para tapar el fracaso escolar! 
 
Veraneábamos durante tres meses seguidos sin preocuparnos de las guarderías, pasábamos horas en la playa sin crema de protección solar ISDIN nº 15 ni sombrero, sin clases de vela ni de windsurf, sin saber lo que era el paddle ni de golf, pero sabíamos construir fantásticos castillos de arena con foso y pescar con arpón. Ligábamos con las chicas persiguiéndolas por el recreo para tocarles el culo y no en un chat con un nick falso y diciendo :) :D o :P. 
 
Tuvimos libertad, fracaso, éxito y responsabilidad, y aprendimos a crecer con todo ello. Tuvimos la enorme suerte de poder crecer como niños. 
  

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El burro catalán

(Texto original recibido por e-mail)

 

 

 

Artículo aparecido en un ejemplar de junio de 2004 de "LA GACETA DE SALAMANCA". Juan Carlos Espartero es el seudónimo que usa el "periodista" madrileño José Romía. Se ha eliminado la réplica de un ciudadano catalán por innecesaria (basta con leer el artículo para que cada cual extraiga sus propias conclusiones).
 

LOS BURROS CATALANES
 
Vengo de pasar unos pocos días de vacaciones en la bonita provincia de Gerona. Nada del otro mundo, un descansillo, calor como en todas partes, extranjeros, fútbol y malas paellas. Eso sí, me he encontrado con un hecho peculiar o, como dicen los catalanes, "diferencial".

Parece que desde hace unos meses, numerosos coches de esta provincia lucen en su parte trasera un curioso distintivo. Nada más y nada menos que un burro. Y no es un burro cualquiera, sino uno de raza. Se trataría de una raza de burros autóctona. Percibo las sonrisas maliciosas de los lectores pero les pido un poquitín de paciencia: aún hay más.

El sopor estival suele aburrir y el espíritu periodístico no duerme nunca del todo, por lo que decidimos investigar esta peculiar moda. Nos pica la curiosidad de averiguar a santo de qué algunos conductores -tampoco nos engañemos, poquitos, quizás un uno por mil- han pegado un burro en su coche. Tras unas cuantas preguntas a los lugareños, finalmente un jovencito casi imberbe y con la cara llena de unos granos que traicionan una afición al chocolate que raya el vicio, nos responde: "...es el burro catalán. Simboliza Cataluña". (Aquí hay que aclarar que el acento de este consumidor compulsivo de Clearasil es espantoso. ¿Será verdad que los españoles que viven en las provincias catalanas cada
vez hablan peor nuestra lengua? )

Ya tenemos una explicación, pero no hemos avanzamos mucho: no tenemos ni idea de lo que quiere decir que el burro signifique Cataluña. Preguntamos de nuevo al chico. "Sí, hombre, com el "toru" significa España, el "burru" significa Cataluña". Atónitos, miramos al chico sonriente, poco consciente de su atropello a la lengua constitucional. Lo dice de verdad, no hay atisbo de ironía en su tono. Evidentemente, nos mondamos de risa en sus accidentadas narices.

Sin duda, el año Dalí ha afectado a estos compatriotas del nordeste. Dicen que en esta región sopla un viento que vuelve algo majara. Por otra parte, Gerona no ha vuelto a ser la misma desde que libró su batalla heroica bajo el mando de Álvarez de Castro en 1809.  Esa es su primera y última aparición en la historia de España.  

 

Quizás por eso los gerundenses han tenido que hacerse notar por rarezas: Dalí, por ejemplo, o José Pla, ese catalán franquista a quien tanto adoran sus paisanos. O por su avaricia legendaria que les ha hecho destruir su propia costa, antaño bonita, ahora una babel de hormigón sobre rocas y apartamentos apretados escalonándose sobre cada cala.

En su último delirio han inventado un burro autóctono y lo levantan como enseña separatista frente al toro que tantos -por supuesto muchísimos más- conductores llevamos con orgullo. Pensando en el asno, volvemos a reír una vez más. El chico de los granos nos mira con desconfianza.


¡Están locos estos catalanes! ¿Quién querría sentirse representado por un burro? Un animal zafio, estúpido, soez. Un animal... burro. De raza, claro, pero de raza de... burros. El toro hace sentir orgullo. Es un animal noble, de bella estampa, valiente, luchador. ¿Y qué oponen al toro los gerundenses? Nada más y nada menos que un burro. No nos lo podíamos creer pero es verdad. Desde que Pujol no los controla y tienen ese gobierno anarquista y frentepopulista, Cataluña ya no es lo que era.

¿Habrá asnos en nuestro archivo? ¡Un burro! ¡Ja ja ja...!. ¡Estos catalanes..! Nos sentamos en una terraza de Playa de Aro y cada vez que vemos pasar un coche con el curioso adhesivito brindamos y reímos: ¡Ahí va otro burro!

Juan Carlos Espartero

 

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Bill Gates y General Motors

(Texto original recibido hace un tiempo por e-mail)

 

Hace unos años, en el transcurso de una feria informática (Comdex), Bill Gates comparó la industria informática con la del automóvil, afirmando: "Si General Motors hubiera renovado tanto su  tecnología como la industria informática, ahora conduciríamos  coches de 25$ que consumirían un galón cada 1.000 millas."

 

La respuesta de General Motors no se hizo esperar:

 

"Ciertamente, pero ¿deseariía usted que su coche se parara  dos veces

por día?

 

1. Cada vez que las lineas divisorias de las carreteras fueran repintadas usted se vería obligado a cambiar de coche.

 

2. De vez en cuando, en plena autopista, su coche se pararía  sin razón aparente, y usted debería aceptarlo, volver a ponerlo  en marcha y continuar.

 

3. De vez en cuando, haciendo una maniobra, su coche se  pararía y usted debería volver a instalar el motor. De una  manera un tanto sorprendente, usted lo aceptaría igualmente.

 

4. No podría haber más de una persona a la vez en su coche, a no ser que usted compre "Coche95" o "CocheNT".  Pero entonces, usted debería comprar los asientos aparte.

 

5. Apple fabricaría un coche que funcionaría con energía  solar, fiable, cinco veces más rápido, dos veces más fácil  de conducir. Pero sólo funcionaría en un 5% de las carreteras.

 

6. Los poseedores de coches Macintosh añadirían actualizaciones Microsoft a sus coches..., que los volverían más  lentos.

 

7. Las luces del aceite, gasolina y alternador se verían reemplazadas por una única de "error general del coche".

 

8. Los nuevos asientos obligarían a todo el mundo a  tener el mismo tamaño. *** Eso no estaria mal del todo ****

 

9. El sistema de airbag avisaría "¿Está usted seguro?",  antes de abrirse.

 

10. En caso de accidente, usted no sabría lo que ha  sucedido."

 

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Nombres raros

(Original recibido en 1998)

 

Hace unos años, Muy Interesante publicó una relación de nombres raros pero supuestamente REALES, junto con los DNIs correspondientes para confirmar su autenticidad. Son una prueba más de que la elección de un nombre no es un tema trivial para los futuros padres... 

 

Abundio Verdugo de Dios

Agustín Cabeza Compostizo

Alberto Comino Grande

Amparo Loro Raro

Ana Mier de Cilla

Ana Pulpito Salido

Antonio Bragueta Suelta

Catón Niño Garabato

Emiliano Salido del Pozo

Eva Fina Segura

Evaristo Piernabierta Zas

Isolina Gato Sardina

Jesús Estan Camino

José de la Polla

José Luis Lamata Feliz

José Sin Mayordomo

Margarito Flores del Campo

Miguel Marco Gol

Pascual Conejo Enamorado

Pedro Trabajo Cumplido

Presentación de Piernas

Ramona Ponte Alegre

Romén Calavera Calva

Rosa Pechoabierto y del Cacho

Señor Dios Pujol

Señora Macarrilla Franco

  

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Mis amigos escritores 

 

En este rincón encontraréis algunos escritos de buen@s amig@s que comparten conmigo una común afición por la escritura. Me reservo el honor de poder seleccionar los fragmentos que más me gustan. Espero no defraudar ni a unos (autores) ni a otros (lectores). 

 

Manuel

El regreso

 

 

Manuel

(Juan Zamora, asiduo participante del Taller de Millás y gran experto en relatos breves)

 

Mi padre nunca quiso hablarnos de nuestro abuelo Manuel por miedo a que sus ideas pudieran influir en nuestro devenir. Por más que le preguntáramos por él, siempre rehuía la conversación. Mi hermano y yo sabíamos que durante la guerra civil Manuel fue apresado y sin juicio, fue tiroteado en una cuneta a las afueras de Osuna. Siempre fue un tabú en mi casa hablar de lo ocurrido en esos días trágicos, que tanto han marcado a miles de familias de nuestro país y cuando, al inicio de la transición, empezaba a hablarse con cierta libertad de la guerra, mi padre nos prevenía de que no quería tener ningún problema por culpa de las ideas.

 

Desde hace pocos años y cuando mi hermano y yo rondamos los cuarenta, mi padre ha empezado a contarnos que Manuel era uno de los pocos jornaleros del pueblo capaz de pesar en arrobas y transformar en kilos el resultado, que dominaba la aritmética básica a la perfección. Ha llegado a mostrarnos los libros que habían sido guardados después de su muerte. Manuel leía a Fernando de Rojas, Fernández de Moratín, El Lazarillo de Tormes y muchos libros de contenido político que mi abuela tuvo que quemar. Manuel se había instruido a sí mismo, mientras el pueblo dormía y tal vez por ello nunca pude conocerle.

 

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El regreso

(Miguel Doña, finalista del premio Valores para un Sueño, Zurich España 2004)

 

(...) Mientras el barco efectuaba la lenta maniobra de atraque, buscando la seguridad y el abrigo del puerto, me guardé instintivamente el reloj en lo más profundo de mis bolsillos. Deseaba fervientemente huir ese día de la tiranía de su tictac, ese que nos hace danzar al ritmo que nos marca, que reglamenta sin la emoción de lo inesperado el matemático discurrir de nuestras ilusiones, que torna en monótono lo arriesgado, en previsibles los amaneceres, en puntuales y decretadas las alegrías. Volvía a la infancia, ese territorio en el que, como el de los bohemios, los viejos, los ricos y los sabios, cabe el privilegio de reírse del calendario, agarrar el timón de sus instantes y decidir en cada segundo el color de cada fecha. Llegaba dispuesto a entregarme a la dulzura de un día sin horas, a no desaprovechar ningún atajo, a robar cuantos momentos pudiese a los recovecos del ayer, y a trepar, a mi modo y a mi ritmo, por las empinadas cuestas tangerinas.

 

(...)

Arriba, en los balcones de una de las pensiones, me encontré con un mar de tristeza, cóncava y densa, posada en los ojos de silenciosas caras morenas. Miradas vacías que aguardan sin esperar, sin ira ni pestañeos, pero que te interrogan sobre la utilidad de la empresa a punto de terminar, con la meta a la vista, tan cercana; que te demandan si merece la pena el envite del resto, ese órdago final; que te piden les devuelvas algunas de las muchas ilusiones y esperanzas abandonadas en un reguero de lastre por las cunetas del larguísimo camino recorrido hasta allí...

 

(...)

 

 

"Los males que no tienen fuerza para acabar la vida, no la han de tener para acabar la paciencia".            Cervantes 


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